
Con una mueca sutil
la luna me hacía un guiño
mas en mi mente febril,
hacía gala el desaliño.
Las estrellas cual diamantes
se descolgaban del cielo
y mis lágrimas brillantes,
rodaban lentas al suelo.
Ya la noche se pasaba
ella lucía su belleza
yo más sola me quedaba,
toda empapada en tristeza.
De pronto la claridad
comenzó a aparecer
y noté la realidad,
del nuevo día nacer.
Salió el sol todo de fuego
y me inundó con su luz
pedí perdón en un ruego,
y me olvidé de mi cruz.
Marga Mangione
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