
desde mi ventana yo veo pasar,
bandadas de nubes de rojo teñidas,
que marchan camino de la inmensidad.
La tarde se muere igual que mis sueños,
mis ojos cansados se niegan a ver,
horizontes tumbas de soles perdidos,
que alumbraron horas de dicha y placer.
Rutinarios días transcurren en vano,
dejando en mi alma sólo sinsabor,
sentada en mi cuarto añoro los días,
en los que vivía sin este dolor...
La primera estrella se asoma a lo lejos
con un titilante destello de luz,
mi retina atrapa el brillo distante,
que me trae mensajes de resurrección.
Tercas depresiones matan esperanzas,
avasallan sueños, derrumban mi fe,
alerta mi mente destruye ilusiones
gritándole a mi alma que no te veré,
que no existe nada después de la vida,
que todo termina luego de morir,
mi corazón quiere callar a mi mente,
inventando excusas para resistir
y en eterna lucha agoto mi cuerpo,
que no tiene fuerzas ya para seguir.
La noche cerrada se llena de brillos,
y una luna enorme comienza a subir,
contemplo extasiada toda la grandeza
del mágico embrujo de la creación,
y por un instante se aquieta mi alma,
borro las certezas que da mi razón
sereno mi mente y en tenaz esfuerzo,
sólo escucho el ruego de mi corazón.
Marga Mangione