
Llega la primavera para alegrar la vida
la ansiedad de mi madre que espera mi regreso;
revivirá con besos mi esperanza perdida
mientras florece alegre en el patio el cerezo.
Aromará la sala con perfume de fresias
y abrirá las ventanas que miran hacia el río;
correrá las cortinas para ver las acacias
que florecen dichosas mientras llega el estío.
Los pájaros felices volando en pos del cielo
cantarán con sus trinos más dulces ese día;
algunas mariposas apurarán el vuelo
y libarán las flores con toda su energía.
Yo estaré recostada en el sillón morado
contemplando el paisaje muy llena de quietud;
y mi preciosa madre con su pelo plateado
cubrirá con sus brazos mi eterna juventud.
La inmortal primavera cubrirá con su manto
los lugares del alma donde reina el dolor;
elevará mis sueños hacia un país de encanto
allí sólo habrá calma y reinará el amor.
Ese será el instante supremo de mi vida
y quedará en mi esencia cual nívea comunión;
la caricia tan dulce que cura cada herida
borrando cicatrices que guarda el corazón.
Marga Mangione
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